Mami me saca de la sillita desabrochando la charola no sin antes acomodar nuevamente el chupete qué se me acaba de caer de la boca, intento aferrarme a la tablet pero esta se siente demasiado pesada, papi la toma y me acomodan en el asiento para bebés del auto mientras termina de despedirse de sus amigos, al entrar al auto ambos se ven muy emocionados, como no los había visto nunca, al parecer les da más alegría tener a un hijo bebé que a un adolescente, eso ya lo había confirmado en el mundo real también.
Llegamos a casa y papi me lleva a la cuna, me arropa y cierra las cortinas, la habitación se vuelve de nuevo oscura y los ojos los empiezo a sentir cada vez más pesados, el suave aroma a talco y pañales de la habitación me tranquiliza, intento mantenerme despierto, pensando en cómo recuperar la tablet y en qué diablos le voy a decir a Marco para que venga en mi auxilio y no piense que se trata tan sólo de una broma, él sabrá cómo despertarme en el mundo real y terminar toda esta fantasía, volteo a ver alrededor de la habitación, y como si un deseo se me estuviera cumpliendo, veo la pañalera que dejaron a los pies de la cuna, con la tablet sobresaliendo por un lado, me agacho lo más que puedo y estiro mis pequeños y gordos brazos por entre los barrotes y alcanzo a sujetar una de las agarraderas de goma del aparato, lo subo poco a poco con mucho esfuerzo, es mucho más pesado de lo que aparenta, pero afortunadamente logro meterlo a la cuna. Vuelvo a abrir el correo y esta vez si tengo internet, pues se ha conectado automáticamente al wifi de la casa, escribo la ridícula dirección de correo de Marco y empiezo a teclear el mensaje.
Marco, soy Samuel, necesito tu ayuda, al parecer estoy atrapado en un sueño lúcido del cual no puedo salir, necesito que vayas a mi casa y me despiertes, actualmente no corro peligro pero esto se está volviendo muy raro e incómodo, por favor actúa tan pronto como leas esto, sé que esta no es mi dirección de correo, tuve que hacerme otra pues no me acuerdo de mi contraseña y no tengo acceso a mi teléfono, para que estés seguro de que soy yo, Samuel, tu mejor amigo desde los nueve años quien te esta escribiendo esto y no una broma rara, te voy a decir algo que solo yo podría saber.
Estás secretamente enamorado de Jhon Cena y de Emily Blunt, en ese orden exacto.
– – –
Marco se levanta a las diez de la mañana, toma su teléfono, se pasa un rato viendo videos y le manda algunos a su amigo Samuel, es el primer día de vacaciones así que no es obligatorio bañarse, y así lo hace. Baja a la cocina en donde están sus hermanos pequeños ya levantados, viendo la televisión y comiendo cereales coloridos con leche, el procede a hacer lo mismo sirviendo el cereal en un plato, echando la leche y yendo a la sala a sentarse con ellos a ver la televisión, aunque en la escuela se las da de chico maduro y ligador, le encanta pasar tiempo con sus hermanos pequeños, a veces es difícil darse cuenta que hay hasta quince años de diferencia entre ellos.
Pasan las horas y sigue mandándole mensajes a su amigo, habían quedado de jugar ese día al nuevo juego pero Samuel parece que no se a conectado en todo el día, ni al juego ni a su teléfono, pues no ha visto los mensajes que le ha estado mandando y su ultima conexión es del día anterior. Es raro que esto pase pues parece que Samuel se la vive pegado al teléfono o a la computadora. Intenta llamarlo por llamada normal, no recuerda cuándo fue la última vez que hizo algo semejante, pues sus conversaciones se basan en stickers, gifs y memes. Los tonos de la llamada suenan y suenan pero nadie contesta al otro lado, ya son casi la una de la tarde, no puede ser que siga dormido.
Marco empieza a preocuparse, aunque piensa que de seguro castigaron a su amigo sin el teléfono por alguna razón, aunque esto no es común que suceda, o que su familia salió de vacaciones sin previo aviso, pero ninguna de estas respuestas lo convence del todo, incluso piensa que algo grave le pudo haber pasado.
El lector en este momento podría pensar que Marco es un imbécil, que si tanto le preocupaba su amigo, bastaba con ir a buscarlo a su casa, pero su madre había salido desde la mañana aprovechando que su hijo mayor se quedaría en casa y podría encargarle a los pequeños, así que no podía salir de su casa hasta que su madre regresara.
Encendió su computadora para empezar a jugar el nuevo juego, le daba un poco de pena, pues había quedado con Samuel en que lo jugarían juntos, pero pensó que si él jugaba primero un rato, podría tener una ventaja sobre su amigo, al abrir el juego entró también a su correo, el cual no habría casi nunca, pero tenía que poner un código de confirmación para iniciar sesión, y ahí vio un mensaje nuevo.
Marco se quedó estupefacto, no sabía qué pensar, Samuel no solía hacer ese tipo de bromas y era claro que era él, pues nadie mas sabia ese secreto, estaba seguro, pero lo que acababa de leer era algo increíble, como alguien desde un sueño le podría haber mandado un correo, eso no tenia ningún sentido, pero eso era lo que le encantaba, años de estar leyendo sobre el tema, viendo videos, reportajes y películas, y por fin, algo sobrenatural le sucedía a él. Estaba demasiado extasiado que hasta gritó de la emoción, pero rápidamente ahogó el grito pues recordó que el más pequeño de sus hermanitos estaba durmiendo la siesta.
Esperó con impaciencia a que llegara su madre a casa para poder salir a buscar a Marco y confirmar si todo era verdad y había sido testigo de la primera comunicación vía correo electrónico desde el mundo de los sueños de alguien hacia el mundo real, tenía un montón de preguntas que hacerle a Samuel cuando lo despertara, aunque también estaba pensando que si estaba dormido, como le haría para que los padres de su amigo lo dejaran entrar a su habitación para despertarlo, o porque sus padres no lo habían despertado aún si ya era bastante tarde para seguir durmiendo, todo esto estaba pasando en su cabeza cuando escucho que alguien tocó la puerta.
Fue corriendo a abrir, seguro de que su madre le daría permiso de salir con Samuel ya que toda la mañana la había hecho de niñero, además que en su aburrimiento hasta había lavado los trastes y la cocina.
-Hola primo, oye puedes prestarme tus cartas de tarot, es que voy a ir a cuidar a un bebé y Ruth me va a acompañar, y queremos jugar un rato a leernos las cartas. -Dijo la chica que vivía en el mismo edificio que Marco.
-Para empezar no es un juego esto del tarot -dijo el chico ofendido -y en segundo ustedes no saben de lectura de cartas, es un arte que no se aprende con ver un tutorial en tiktok.
-Ya no seas pesado y préstamelo, ándale.
-Con una condición
-¿Qué quieres?
-Que me dejes ir con ustedes y yo les leo el tarot y hasta les ayudo con unos rituales de magia caos.
La chica lo pensó por un momento, definitivamente la señora de la casa no le dejará meter a un chico, apenas y accedió que la dejara llevar a una amiga y eso porque le comento que estudiaba enfermería y sabía de primeros auxilios, pero le encantaba la idea de que le leyeran las cartas y lo de la magia.
-Esta bien, pero vas a tener que llegar después de nosotras, cuando yo te avise porque los señores de la casa no te van a dejar entrar.
-Hecho.
Marco había olvidado por un momento que tenía una misión de rescate, pero como lo de su prima era hasta las ocho de la noche, pensó que tendría suficiente tiempo, y que incluso podría llevarse a Samuel, y cómo iba a ir también Ruth este estaría muy feliz.
Llegó su madre pero no lo dejó salir, pues aún estaba castigado, y no se dejó convencer de que su amigo estaba atrapado en un sueño y que le pidió que lo rescatara a través de email, de todas las cosas en las que siempre anda metido su hijo, esta es de las más fantasiosas, pero como cuidó a los niños y lavó los trastes logró negociar que le levanten el castigo a las ocho de la noche, tiempo perfecto para ir a salvar a Samuel y después pasar a su sesión de tarot.
Dan las ocho de la noche y sale disparado de su casa, lleva su mochila con varios mazos de cartas, algunos libros y demás parafernalia, la casa de Samuel no queda lejos, toma el metro y después de un par de estaciones se baja y camina dos calles más.
Al doblar en la calle de Samuel, un auto pasa a su lado, parece ser el auto de los padres de su amigo, pero como está oscuro no está completamente seguro, revisa su teléfono para ver si hay algún mensaje o llamada de Samuel pero aun nada, intenta de nuevo hacer una llamada pero lo manda directo a buzón, se preocupa y acelera el paso, llega al portón café y toca el timbre que ha tocado durante años, pero duda que que alguien le pueda abrir la puerta, pues no ve el auto en la entrada y está casi seguro que vio a los padres de Samuel salir de la casa, la puerta se abre y da un saltó.
-¿Qué haces aquí? ¿me seguiste? te dije que yo te avisaba cuando fuera seguro llegar, por poco y te encuentran los señores de la casa.
– – –
Me despierto sobresaltado por el ruido que viene de la sala, las imágenes poco a poco se van haciendo más claras, intento enfocar lo más rápido que puedo, para saber si ya he despertado de este sueño y estoy en mi habitación de siempre, pero al parecer esto se niega a acabar, noto las figuras tiernas de animales colgados de la cabecera y las enormes barandas de la cuna blanca, la habitación sigue en penumbra la luz del alumbrado público se cuela por la ventana, no estoy seguro cómo funciona el tiempo dentro de los sueños, pero si es el mismo que en la vida real, ya debería haber despertado, pues ya es de noche y ha pasado otro día completo. Se oye mucha más actividad en la sala que de costumbre, seguro son mami y papi con sus amigos, pero recuerdo haber escuchado que tenían planes de salir hoy, no que alguien fuera a venir a la casa, intento identificar las voces se escucha por lo menos un hombre y una mujer, pero jóvenes, como de mi edad, bueno no mi edad actual, si no mi edad en la vida real, lo demás que se escucha es la televisión a un volumen bajo, pero claramente es una discusión aunque forzada a no hacer mucho ruido.
Me pongo de pie para intentar escuchar mejor lo que sucede, me cuesta trabajo, el pañal está bastante gordo, al parecer todo ese jugo que tome en el restaurante ya salió de mi cuerpo, me meto mi chupón a la boca para concentrarme, veo el espejo de la recamara y me miro, un niño con una camiseta de mickey mouse y un enorme pañal con dibujos de jirafas, claramente lleno de orina, mis padres de seguro me cambiaron mientras dormía y me dejaron solo con la camiseta y el pañal, pues está haciendo mucho calor, vuelvo mi atención a las conversaciones de la sala, no se porque hay extraños en la casa, quiero que mami o papi vengan a buscarme, me imagino que salieron con sus amigos y me dejaron a cargo de una niñera, no estoy dispuesto a que nadie más me mire en este estado, sería muy humillante.
Reviso la tablet y veo que el mensaje que le mandé a marco fue respondido, no escribió mucho, solo algo de que en cuanto llegara su madre vendría a mi rescate, pero es claro que el tiempo pasa diferente aquí en los sueños, seguro en la vida real no llevo dormido mucho tiempo pero aquí ya va casi un día completo estoy muy feliz de que por fin esto va a terminar, aunque es un sabor agridulce, pues la suavidad de las cobijas y los pañales, el dulce aroma del talco y la loción, y el amoroso trato de mami y papi me están sabiendo muy bien, aunque eso de no poder ir al baño y ser desnudado cada dos por tres es algo bastante incómodo, sin mencionar el olor a pipí y sobre todo a popó cada que ensucio mi pañalito. Me distraigo por un momento y la tablet cae al suelo, rebota por la pesada funda de goma, el sonido hace que las conversaciones de abajo se detengan. Me quedo inmóvil esperando escuchar que continúen conversando pero lo que oigo son pasos subiendo por las escaleras.
Me meto tan rápido como puedo debajo de la cobija, como hace calor solo hay una delgada sábana, me cubro completo pero dejó un minúsculo hueco para poder ver hacia la puerta, los pasos se hacen cada vez más fuertes y siento un pequeño y cálido chorro de pis que sale de mi cuerpo, esta tan callado todo que escucho como aterriza en el húmedo y acolchado interior de mi pañal. La puerta se abre, pero como la luz en mi habitación está apagada y la del pasillo encendida solo veo siluetas, son tres personas, dos chicas y un chico, se acercan con cautela, evitando hacer ruido, se acercan cada vez más, los reconozco, esto no podría ser peor.
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